Nuestra juventud
no es más que un holocausto,
un sueño lucífugo y lisérgico.
Un lodazal de cruentas emociones,
un sobresalto.
Veo aulas repletas
de una sinergia de desvelos,
pensamientos nómadas
y rostros dispersos.
Un bullicio muy vivaz,
pero algo hueco.
Y tras las carcajadas
un inquebrantable silencio
que esconde sangre,
que esconde barro,
que esconde huesos.
Nuestra juventud es un abandono
sofocante y violento.
------ Marzo 2013 ------
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